domingo, 28 de febrero de 2010

alighieri.

Nuestro joven Dante se tuvo que parar porque después de aquella maratón, sus piernas ya no le respondían. No sabía como aun no veía la meta. Había dado paso tras paso hacia adelante, pero en verdad no sabía hacia donde conducía aquel sendero. Por lo que necesitó detenerse, necesitó sorprenderse.
Se tumbo en el primer sitio que pudo y se concentró pensando en no pensar en nada. Mucha gente es capaz de conseguir esto, pero nuestro pobre Dante, como el resto de las personas, no lo era. Tras tanto meditar llegó a la conclusión de que ésta vez también se trataba de una comedia, pero nada divina. Ésta vez tendría que buscar él a Virgilio...

No hay comentarios: