jueves, 17 de junio de 2010

lluvia.

Ayer fue uno de esos días raros de verano, esos en los que aparece una tormenta encima tuya sin previo aviso justo cuando estabas disfrutando de algunos rayos acariciando tu espalda, de esos días que puedes saborear el olor a tierra mojada desde la seguridad de tu almohada, usando como escenario una ventana y sabiendo que hagas lo que hagas el Sol volerá mañana.

Es en esos momentos en los que siempre me pregunto, mientras miro como la gente corre a resguardarse para no mojarse, porqué todas las personas que han salido de sus casas tienen algo que hacer, un lugar al que ir, una meta a la que llegar, algo que buscar... Algunos usan paragüas para protegerse y poder llegar a su "destino", otros se detienen un rato para más tarde seguir su "camino", pero pocos son los que se paran y gozan verdaderamente el instante, pues salieron a la calle sin ningún proposito, solamente el de perderse un rato por una mistoriosa ciudad llena de secretos que no se ven en los mapas.

Parece que la mayoría de las personas han perdido la capacidad de andar por andar hacia ningún lugar, sin rumbo, sin sentido ni dirección salvo la que dicte tu intuición, dejando que ésta nos guíe y sea izquierda o derecha en el próximo cruce. Dejar todo de lado y llevar la música al lado. Entender que el fin nunca justificará los medios, pues de medios caminos estarás más que servido. Improvisando, sin esperar para seguir jugando. Que a cada paso le venga un pensamiento seguido de un sentimiento...

Pero ya he dicho que estas y otras muchas preguntas me las hago sólo en estos días raros, los demás, dejo que mi cabeza siga a mis pies sabiendo que el Sol me volverá a calentar, sabiendo que los pájaros tarde o temprano volverán a volar, sabiendo que la marea bajará y subirá...